El castillo de Monzón, una leyenda oculta

El castillo de Monzón, una leyenda oculta
Se dice que hay una figura blanca que pasea por el castillo las noches de primavera

El castillo de Monzón, magnifica fortaleza bien restaurada, comenzada a levantar por los musulmanes, fue catalogada en su día como Monumento Histórico Artístico Nacional.

Sus partes más antiguas datan del siglo IX y fue un importante centro de poder de los templarios. La entrada está flanqueada por dos edificios medievales: la torre de Jaime I y la capilla.

Esta torre construída por la orden de los Templarios en el siglo XII, tiene base trapezoidal, la cual sirvió para alojar al príncipe Jaime durante su estancia con la orden de los templarios y como cárcel en el periodo comprendido entre 1143 y 1308.

Dentro de la meseta, aislada en el centro, esta la torre del Homenaje, probablemente árabe. La sala de los Caballeros se alinea junto al acantilado y finalmente el torreón de las dependencias. Los cinco edificios son independientes y constituyen uno de los más claros ejemplos de castillo de planta irregular dispersa.

Asentado sobre un cerro de laderas escarpadas, es otro de los importantes castillos-fortaleza de Huesca.

Monzón, capital del Cinca Medio, y edificada junto a la confluencia de los ríos Sosa y Cinca, se extiende a la sombra de una colina presidida por su Castillo.

La leyenda

La leyenda comienza cuando un caballero llamado Guillem de Montredon, en 1203 ingresó como caballero templario. Muy apreciado por el rey Pedro II de Aragón, luchó a su lado en la Batalla de Las Navas de Tolosa y en la Batalla de Muret, donde murió el rey, luchando contra Simón IV de Monfort.

El hijo de Pedro II, de cinco años de edad, el futuro rey Jaime I de Aragón, (Jaime el Conquistador) fue secuestrado por Simón de Montfort, un barón francés, terriblemente sádico y sanguinario, que lo tuvo retenido un año entero como rehén.

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Vista del Castillo desde el río

Guillem de Montredon movió cielo y tierra para recuperar al pequeño heredero al trono. Convenció al papa Inocencio III para que obligara a Montfort a que entregara al pequeño Jaime a los templarios.

El Rey Jaime I tenía seis años y cuatro meses cuando fue reclamado por el Temple. En cumplimiento del testamento de su madre, fue educado por los templarios, le protegieron en el castillo de Monzón hasta los nueve años, en que un grupo de nobles aragoneses y catalanes pidieron su salida. En 1220 fue nombrado rey, en la capilla de San Nicolás. Toda la nobleza fue jurando lealtad al pequeño rey Jaime I.

Fue escoltado, rodeado y protegido por los todos los caballeros templarios. Todos ellos se inclinaron ante él y prometieron fidelidad, defensa y amor hacia su rey. Los veinte primeros años de la vida de Jaime I serían el resultado de la educación impartida en el castillo de Monzón.

Los templarios

Años más tarde, los templarios fueron cercados por las tropas del rey Jaime II de Mallorca, éstas se quejaban que a pesar del cerco duro y tenaz, los templarios del castillo de Monzón realizaban frecuentes incursiones clandestinas por todo el valle, introduciendo víveres en su castillo, practicando estas salidas por las diferentes minas y pasadizos secretos del castillo.

Jaime II atacó sus muros en 1308 con el fin de expulsar a lo últimos templarios que se habían hecho fuertes en él. Siete meses duró el cerco de Monzón desde Octubre de 1308 hasta el 24 de Mayo de 1309 después de un prolongado cerco y de una aguerrida defensa se rindieron, cuarenta templarios prestaron declaración entre Chalameda y Monzón.

Y el castillo pasó a manos de los hospitalarios que intentaron borrar a golpe de martillo todos los símbolos dejados por los templarios.

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El interior del Castillo de Monzón

El último Comendador que rindió el castillo fue Fray Bartolomé de Belvís. De este castillo se cuenta, que ciertas noches de primavera, a finales de mayo, se ve pasear por las estancias del castillo una figura blanca, que se oyen gritos y fuertes golpes, que conmocionan toda la fortaleza.

Muchos aseguran, que se trata del Comendador Fray Bartolomé de Belvís, el último Comendador del castillo, el que tuvo que rendir y entregar la fortaleza al ser suprimida la orden.

Dicen que va vestido de blanco y que su rostro está ensangrentado, que grita y golpea las paredes del castillo, demostrando la gran injusticia cometida contra el Temple.

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